En la palabra de Dios vemos que la multiplicación es un proceso que comenzó a producirse desde que Jesús comenzó su ministerio, sin embargo en los últimos años ya la palabra ha sido sembrada prácticamente hasta en lo último de la tierra, encontrándose muy pocos lugares en los que no se ha predicado el evangelio del reino. ¿Qué significa esto?, qué es hora de comenzar a segar el fruto de lo sembrado por la Iglesia de Cristo por años alrededor de todo el mundo. Tal como dice el texto transcrito del evangelio de Juan, este será un tiempo dónde incluso segaremos donde no labramos.
Sin embargo, cuando analizamos la definición de cosecha vemos algo muy interesante, ya que esta definición no se limita sólo al proceso de recolección de fruto, si no que en su uso general incluye también las acciones posteriores a la recolección del fruto propiamente dicha, tales como la limpieza, clasificación y embalado de lo recolectado hasta su almacenaje en la granja o su envío al mercado de venta al por mayor o al consumidor.
Es importante reflexionar en lo anterior, ya que el proceso de cosecha de almas no es un proceso fácil, al igual como ocurre con la cosecha natural, el trabajo posterior a la de recolección del fruto (nuevo convertido) es tanto o más extenuante que el de la recolección propiamente tal.
Es muy probable que la principal razón por la cual no hay multiplicación en la Iglesia, es porque es fácil ver la cosecha sólo como un aumento en la cantidad de hermanos, sin embargo el proceso de cosecha no termina hasta que cada uno de los nuevos convertidos queda listo para ser enviado al “mercado”.
Debemos mirar el proceso de cosecha como un conjunto de actividades integrales, es decir, debemos gozar tanto la acción de recolectar como la acción de limpiar, cubrir, etc. Recordemos que Cristo quiere presentarse a sí mismo una Iglesia glorioso, sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante, y para esto la Iglesia de Cristo que somos nosotros jugamos un rol fundamental.

